Bajo la piel del león - Prólogo

En pocos días estará publicado el libro de título BAJO LA PIEL DEL LEÓN y podréis disfrutar de su lectura, hasta entonces espero que este prólogo, escrito de puño y letra por el protagonista, sirva de aperitivo a lo que pronto tendremos en nuestras manos. En este libro vamos a descubrir a Dante: sus sentimientos, sus miedos, sus deseos...

Os aseguro que tengo los nervios a flor de piel.
En ninguno de los libros anteriores había sentido la expectación por la historia de un personaje. No es que con Dante haya sido un aluvión, pero si he tenido el placer de "escuchar" los comentarios de lectoras que lo están esperando y, no sé si os hacéis a la idea de lo que eso supone para un escritor novel, pero es una responsabilidad enorme: hay expectativas. Y eso me tiene en un sin vivir pensando en si el león os llegará al corazón. Porque en realidad, de eso se trata. De conseguir que durante el tiempo que os dure la lectura soñéis, riáis y os divirtáis con él.
Ya queda poco, el día 10 está al llegar y no sé a vosotras pero a mí se me va a hacer muy corto.
Gracias por confiar en mi león.

Para la presentación de este prólogo he hecho algo especial: tenéis dos opciones para disfrutarlo. Podéis leerlo o escucharlo... Sí, no he podido reprimirme, os lo he leído en voz alta y lo he grabado. No seáis muy duros: es una grabación casera hecha con el corazón, con ruido de fondo y algún que otro lapsus en la voz.

Y hasta aquí, ahora disfrutadlo. Como diría Olivier: Bon appétit!



Aviso importante:
Si no has leído los libros anteriores te vas a encontrar SPOILERS que pueden estropearte la sorpresa de Mil Mariposas y de Sol de invierno.
Más que como autora como lectora, yo te recomiendo que no lo leas, ni lo escuches. En todo lo que hago público: sinopsis, imágenes, comentarios... Intento evitar que algo que digo pueda estropearte un libro anterior porque considero que, el factor sorpresa que puede acompañar a algunos giros de las novelas, es parte de la magia en la que te envuelven las historias. A partir de aquí, tú decides, yo solo puedo darte las gracias por haberlas leído y desear que hayas pasado un buen rato.





¿Habéis visto alguna vez en el cine la transformación de un licántropo?
Pues es dolorosa, muy dolorosa.
Lo primero que notas es que tus huesos explotan. La armadura interna que mantiene en pie tu cuerpo se quiebra en mil pedazos. Después, tus músculos comienzan a inflarse como globos, hasta que tienes la sensación de que pronto no cabrán en tu piel.
Y ocurre. No caben.
La cáscara que recubre tu cuerpo estalla como el maíz y, debajo, otra piel nueva recubierta de largo y sedoso pelo comienza a emerger al exterior por todas partes. A continuación tu masa ósea se recompone y de nuevo puedes volver a ponerte en pie; tus huesos han vuelto a soldarse casi tan rápido como se rompieron.
En ese momento, si el dolor te lo permite y estás consciente, te das cuenta de que ya no eres humano, pero si crees que se ha terminado estás muy equivocado, aún queda lo peor.
Dedos de manos y pies se alargan, las falanges se endurecen y se transforman en garras de largas y afiladas uñas. Y la cara… La mandíbula da un crujido sordo y se adelanta para albergar toda una fila de dientes afilados y largos colmillos, y tu cráneo se deforma hasta que se convierte en la cabeza de un animal.
Duele. Os lo puedo asegurar.
Una segunda fase, menos impactante pero igualmente brutal, es pasar de ese estado a convertirte en un animal completo. No dejas de ser un monstruo, pero la gente solo ve una bestia salvaje y «eso» les da menos miedo.
Yo no soy un licántropo, soy un hombre-león, pero para el caso es lo mismo: un humano encerrado en el cuerpo de un animal.
Nací en Roma en el año 1956 y hasta los diecisiete años no comenzó a manifestarse en mí el león. Hasta ese momento todo había sido normal, pero a partir de ahí mi vida fue un infierno.
Mis padres no sabían nada del mundo sobrenatural, mi herencia viene de mis abuelos o quizá de los suyos, no lo sé, el caso es que a ellos no les pareció muy agradable tener animalitos en casa, por lo que me abandonaron a mi suerte.
Un grupo de licántropos me localizó.
Para ellos fue fácil dar conmigo, simplemente me olieron. Se aprovecharon de mi juventud y mi inexperiencia y, con la promesa de un lugar al que ir, me capturaron. Y como los hombres-león son escasos consiguieron una bonita suma vendiéndome como mascota a una pareja de vampiros.
Con ellos pasé diez años.
Aquella época la recuerdo como la menos mala. Los amos me tenían casi todo el día a cuatro patas, para ellos yo solo era un símbolo de su estatus económico y aunque que me trataban como si fuera un perro doméstico mi situación no era excesivamente vejatoria u ofensiva. Esa parte vino después, cuando se arruinaron y me vendieron en una subasta junto al resto de sus bienes para paliar sus deudas.
Mara. Mi nueva dueña y señora.
Mara pertenece a la línea de sangre de un vampiro oriental llamado Takeshi. Tras comprarme a precio de ganga me llevó con ella a su villa de Amsterdam, pasando a formar parte del séquito de su sire. Aunque en realidad yo era de su propiedad: única y exclusivamente. En todos los años que estuve a su lado, su «Padre» apareció en contadas ocasiones, tan solo cuando necesitaba de sus vástagos para algo. Así que la vampiresa tenía el monopolio sobre mi pobre persona.
Los leones somos fuertes. Mucho. Más que un licántropo. Y al principio, por más que Mara lo intentó, yo me mantuve firme en mis principios consiguiendo a duras penas sobrevivir a aquello, pero intentando mantener de la mejor manera posible mi dignidad y mi humanidad. Ante aquella pasividad me encarceló por medio de la magia de una bruja mercenaria, encerrándome en mi propia bestia e impidiéndome recuperar mi forma humana.
Eso fue lo que realmente consiguió romperme por dentro. No sirvió de nada luchar. Después de todo, acabé siendo lo que ella siempre quiso: un esclavo a su servicio al que utilizar como entretenimiento de sus depravados invitados y de puta para sus amigos.
Llevo marcados en mi piel todos y cada uno de los días que pasé en aquella casa. Encadenado en aquel oscuro sótano, insultado y ultrajado, violado y humillado… Hasta que un día mi sino cambió y viajamos a París para engordar el séquito de Takeshi y participar en una fiesta a la que no habíamos sido invitados.
Ese día lo recordaré por siempre.
Daniela, mi amiga, mi señora, mi ángel de la guarda… se enfrentó a Mara por mí, para liberarme. Y no solo me proporcionó un futuro esperanzador, también me aceptó en su vida como un igual.
Mi querida Dani es humana y está vinculada a Olivier, un purasangre de cuatrocientos años que me ha dado cobijo y trabajo y se ha convertido en un verdadero amigo. Y además, es hija biológica (sí, biológica, como lo oís) de Jean Jacques, otro vampiro que también me ha aceptado como si fuera de su familia.
En estos dos meses me han sucedido más cosas que en los últimos treinta años. Ahora tengo trabajo; ya no soy un esclavo. Olivier me ha contratado para que entrene con él y estoy aprendiendo el arte de la lucha con mis manos.
Ahora puedo defender lo que es mío. Puedo y lo haré.
Pero aunque mi vida ha mejorado y debería de ser el león más feliz sobre la faz de la tierra, he tropezado con una piedra en el camino: me he enamorado. O al menos eso pensé, ya no estoy tan seguro, y de esa relación he salido de nuevo magullado moralmente y con el rabo entre las piernas.
Al poco de vivir en casa de Olivier, Daniela me propuso posar como modelo con mi aspecto más animal junto a Cristina, la preciosa y maravillosa Cristina. Acepté. Fue una experiencia increíble que me rompió el corazón. Me ilusioné con tenerla y no pudo ser.
Ella solo ve a la bestia que habita en mi interior. No acepta lo que soy.
He querido dejar algo bueno para el final: Judith. Ese pequeño terremoto que entró en mi vida y la puso patas arriba.
Jud es una joven increíble que se ha convertido en mi mejor amiga. Gracias a ella y sus poderes de bruja vuelvo a ser el que era: he recuperado con su ayuda mi aspecto más humano.
Siempre estaré en deuda con esa niña. Y no solo por conseguir que volviese a ser persona, sino por su apoyo incondicional en todo.
No hay mucho más que añadir para presentarme. Os aclaro que no soy inmortal. Mi cuerpo no enferma y sana con rapidez. No envejezco. Y si no ocurre ninguna desgracia viviré muchos años manteniendo intacto mi aspecto.
Hoy no estoy en el mejor momento, pero a pesar de lo triste que pueda estar ahora por el rechazo de Cristina, no puedo estar más que agradecido:


Estoy vivo y soy LIBRE.