Fragmento capítulo 17 - "La última rosa del verano"

Spoilers
En la medida de lo posible, se han elegido fragmentos que contengan pocos spoilers para el lector, pero lamentablemente, no están libres de ellos. Si quieres llegar a la saga sin conocer ciertos detalles... No sigas leyendo. Si continúas, irás descubriendo un poco el carácter de los personajes y tomando contacto con la narración de M.C. Sark.

LA ÚLTIMA ROSA DEL VERANO. 

5ª entrega. Saga Amor y Sangre.


   ―¿Quieres ver algo increíble? ―dijo Daniela mientras cogía su mano y la arrastraba hacia el interior de la vivienda.
   Angelica la había llamado nada más llegar a París y habían quedado en verse al día siguiente. ¿La excusa? Hablar de las fotos que aún quedaban por hacer del catálogo, aunque, en realidad, lo que buscaba la italiana era el consejo y consuelo de su única amiga en la ciudad.
   ―Jack vino esta mañana para hablar con Olivier ―dicho esto se volvió y le guiñó un ojo―, y mi cariñito, después de decirle cuatro cosas, ha decidido usarle de sparring. ―Abrió una puerta y añadió―: Y en ello están.

   La habitación era enorme y estaba muy vacía, como si en tiempos pretéritos hubiese sido un coqueto salón de baile. Las paredes estaban enteladas y apenas se veían al estar cubiertas por grandes espejos. El mobiliario se reducía a una otomana situada en un rincón y cinco candelabros de pie muy ornamentados, de al menos veinte brazos cada uno que, adosados a la pared, bordeaban el perímetro. Los techos estaban pintados al fresco con un trampantojo que simulaba la bóveda celeste y en las cuatro esquinas unos querubines con rubios rizos sonreían lustrosos. Tres de ellos tocaban una lira, un violín y una mandolina; el cuarto sujetaba una partitura.

   Pero lo impactante no fue entrar en aquel espacio barroco y decadente lleno de dorados y reflejos. Lo que dejó a Angelica sin palabras fue ver a dos hombres en calzón de boxeo y con manos y tobillos vendados, enzarzados en una lucha acrobática que combinaba varias técnicas para ella desconocidas: wushu, kickboxing, taekwondo… Aquello era a la vez hermoso y brutal.
   Cuando Jack se dio cuenta de que su chica estaba en la sala se quedó durante un par de segundos parado, lo que le valió un buen derechazo que le hizo caerse de espaldas.
   La joven se echó las manos a la boca para no gritar, pero el vampiro se levantó rápido y se colocó en posición de defensa.
   Las dos muchachas se sentaron en la otomana para admirar embobadas a los contrincantes. Eran dos bailarines danzando una complicada coreografía: Olivier repartía a diestro y siniestro, y el inglés se defendía como podía.
   Jack estaba más pendiente de lo que sucedía tras él, que del duro adversario que tenía enfrente y que le estaba vapuleando. La noche anterior, cuando ella le dijo que se iba a dormir a casa de Sasha y Svetlana, él no protestó, aunque sintió como le hervía la sangre. Tan solo el dulce beso que Angelica le dio como despedida le tranquilizó un poco, pero pasó la noche en vela intentando dilucidar qué había hecho mal. Al final decidió que le daría, en la medida que pudiese, un noviazgo normal. Pero tan pronto como se hizo de día sintió la necesidad de hablarlo con alguien y fue derecho a casa de Dani y Olivier a contarles lo que había pasado. De su hermana entendió que su forma de ver la vida estaba un tanto desfasada. Que aunque Angelica hubiese estado al abrigo de una familia absorbente, la meta de una mujer era tener sus propios ideales, su trabajo y su independencia. Y que cualquier cosa que fuese cortarle las alas, iría en detrimento de su relación.
   De su amigo recibió algo de comprensión, ellos eran de otra época y habían vivido mucho, pero le instó también a que le dejase cierto margen para que ella pudiera adaptarse a todo. Ahora la sentía a tan solo unos pasos y estaba descolocado. Su niña…
   ¡Diantres! Ese golpe había ido directo a su nariz. No tuvo que llevarse la mano al rostro para notar como la sangre brotaba lentamente y le llegaba hasta los labios.
   ―No estás atento, mon frère.
   Aspiró hondo y lanzó un ataque que Olivier esquivó por los pelos.
   ―Eso está mejor, pero estás en baja forma.
   ―Solo soy un torpe músico. ¡Ten piedad de mí!
   Las carcajadas del francés hicieron eco en la vacía habitación.
   ―Puede que seas un «torpe» músico, pero tuviste el mejor de los maestros: Moi! ―respondió con chulería mientras giraba sobre sí mismo con una pierna extendida, barriendo así el apoyo de Jack y haciendo que cayese de espaldas y diera un sordo golpe en el suelo.

   Daniela tuvo que sujetar a Angelica que, nerviosa, se había levantado para correr a ayudarle.
   Siguieron luchando y para acabar, cansados y con las vendas de las manos llenas de sangre, se dieron unos puñetazos amistosos y un abrazo varonil que incluyó palmaditas de aprobación, por parte del francés en la espalda de Jack, además de mostrarle con una sincera sonrisa, respeto y reconocimiento.

 Cuando el violinista se volvió hacía las chicas, las dos se llevaron las manos a la cabeza al ver su cara llena de hematomas y sangre seca. Esta vez Dani no detuvo a Angelica que salió disparada como un resorte en su dirección, con el rostro al borde del llanto.
   ―¿Por qué…?
   ―No es nada. —Intentó tranquilizarla—. Tomaré un poco de sangre y antes de que te des cuenta estaré bien. Olivier me ha dado duro hoy.

  Ella miró al otro vampiro con reproche, pero él, en lugar de amilanarse por su furiosa mirada, le mandó un beso con la mano y le hizo una reverencia propia de la aristocracia.